Si el Estado ayuda temporalmente a una familia con el arriendo mientras recupera su vivienda, también debería ayudar a un negocio mientras recupera su lugar de trabajo.
Tres semanas después del terremoto, y tras priorizar salvar vidas, el país discute cómo levantar lo que se cayó. Pero hay que tener presente que no solo se cayó infraestructura: también se golpeó la economía.
Una familia puede perder su casa, su patrimonio y, al mismo tiempo, el lugar donde trabaja. Una empresa que no logra reabrir pierde clientes, empleos y mercados que tomó años construir. Ese es el riesgo de una segunda crisis: daños permanentes en los ingresos de miles de hogares.
Hay que reconocer lo decidido, que ha sido mucho en poco tiempo. El Gobierno declaró la emergencia económica, creó el Fondo Milagro y amplió Obras por Impuestos a los municipios afectados. La Gobernación arrancó la reconstrucción, radicó siete ordenanzas y anunció créditos a cero intereses. La Alcaldía llevó alivios tributarios al Concejo. Las cámaras de comercio y los gremios han respondido con propuestas y recursos. Nada de eso sobra.